México centro de experimentación y producción de transgénicos por 30 años

Foto: Luis Tovar/Somoselmedio.org
Presentan: Treinta años de transgénicos en México

Desde hace treinta años, México se ha convertido en un centro de experimentación y producción de transgénicos, a expensas de las comunidades indígenas y campesinas del país. Así lo informó el Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam) quien por primera vez ha intentado reunir los resultados más destacados en cuanto al avance de los organismos genéticamente modificados (OGM) o transgénicos en México.

A través de la localización geográfica de los sitios donde instituciones y empresas han solicitado al gobierno mexicano la liberación de transgénicos al ambiente, con o sin ninguna medida de control, Daniel Sandoval Vázquez (Ceccam) logró publicar un base de información oficial de prácticamente tres décadas dentro de un documento llamado Treinta años de transgénicos en México.

En el estudio Daniel demuestra la amenaza que representa este tipo de cultivos, más aún tratándose de un país como México, cuyo territorio es centro de origen y diversificación genética del maíz.

Esta nueva publicación del Ceccam revela que en solo treinta años fue solicitada la siembra de transgénicos en 356 sitios distintos en el territorio mexicano. De hecho, la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados o « Ley Monsanto » de 2005 marcó una nueva etapa en el desarrollo de la producción de transgénicos.

A partir de 1988 empezó la liberación « legal » de transgénico, con la cual el gobierno Mexicano autorizó 317 ensayos y permisos a 41 empresas (en su mayoría extranjeras) hasta 2004. Sin embargo, la Ley Monsanto fundó un nuevo régimen para el otorgamiento de permisos de liberación de OGM al ambiente completamente distinto al del primer periodo, no solo para impulsar la creación del nuevo marco institucional y jurídico en lo relacionado con los OGM, sino porque midiendo sus efectos, un grupo muy reducido de empresas extranjeras lograron tener presencia en prácticamente todos los estados del territorio nacional.

Ademas, las empresas consiguieron el permiso para la siembra comercial para la soya y el algodón genéticamente modificados. En consecuencia, la proliferación de las siembras transgénicas, las cuales se extienden sobre 5,77 millones de hectáreas, amenaza a las razas nativas de maíz y vulnera los derechos al territorio como los recursos de las comunidades indígenas.

Según Emanuel González, investigador en la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), esta ley relega a un segundo plano el principio de precaución mientras que este mismo « tendría que asumir una completa restricción » de la explotación del territorio por parte de estas empresas extranjeras.

Ramón Vera (GRAIN) explicó en CENCOS que « las empresas asumieron una estrategia de diversión y expansión en todo el país », y que lo hicieron « por la fuerza ». Así, no solo borraron los métodos tradicionales de subsistencia históricamente desarrollados por las comunidades originarias de México para imponer sus OGM por razón económica, sino también incendiaron miles de hectáreas de selva para sus cultivos de soya principalmente.

De tal manera, los híbridos están invadiendo las comunidades ya que el monopolio compuesto principalmente por Bayer-Monsanto y PHI-Pioneer ha logrado que los campesinos mexicanos cultiven con agro-químicos. Tal invasión fue demostrada en la península de Yucatan cuando esta misma fue declarada zona libre de transgénicos por el gobernador del Estado, un hecho muy importante para las comunidades de la península, que siguen intentando resistir para proteger su territorio.

Finalmente, los representantes presentes en CENCOS, pidieron que sea investigado el papel de las instituciones que trabajan a la difusión de esta manera de cultivar. Entre tanto, las comunidades indígenas y campesinas han logrado frenar la introducción de transgénicos a sus regiones de un modo bastante integral al redoblar la atención y los cuidados de sus propias semillas de maíz nativo y el rechazo a recibir o comprar semillas ajenas.