Recuento

Hay cosas que lo cambian a uno.
Revoluciones internas que tienen o no, 
un final inesperado.

El primer recuerdo que tengo al respecto, 
es ver junto a mamá, la caída del muro de Berlín por T.V.

Sus lágrimas lograron transmitirme el mensaje, la empatía es esencial.

El mundo cambió mucho en los últimos 30 años, con él nuestro país, a su ritmo.

¡Se robaron la elección!

Pocos imaginaron un levantamiento en armas desde los altos de Chiapas.
Pocos entendieron el mensaje, 
la dignidad de la mayoría está por encima del beneficio personal.

Nadie está preparado para escuchar Bohemian Rhapsody por primera vez.
Los sueños de primer mundo nos nublaron el juicio
y entregaron los recursos. No se los impedimos.

Asesinaron a uno de los suyos, 
porqué parecía salirse del rigor de su discurso.
Nadie está preparado para ver el mar por primera vez, 
o para escuchar de devaluación, el efecto tequila fue devastador.

Nunca se está preparado para la mano de hierro aplastando indígenas en Acteal.

Pensábamos que estábamos listos 
cuando a finales del siglo pasado quisimos un nuevo comienzo, 
enfundado en botas vaqueras y léxico florido. ¡Que equivocados estuvimos!
Los mineros de Coahuila.
La mafia tomó un nuevo rumbo.
Comenzaron las batallas y los cuerpos aparecieron por todos lados.
Colgando de puentes, las cabezas en las calles.

El dolor de Atenco aún se respira.

¡Se robaron la elección!
El borracho que abrió el infierno al sur del país 
y ya nadie supo cómo detenerlo.
Nada te prepara para ver decapitados en la presan por la mañana; 
o para verlos a la orilla del camino.

Nadie está listo para escuchar a una madre encarar al presidente, 
exigiéndole disculpas, por la memoria de sus hijos. 
Los mataron, el gobierno dijo que eran delincuentes.

El telecandidato y se desmemoria.
Nadie está preparado para ver un final feliz de telenovela.
Nadie lo espera.

El guiñapo de televisión y sus deformadas reformas.
Miles disueltos en ácido sobre nuestro mapa.
Se vuelve costumbre.
Nadie se asombra por lo terrible.
Culpan a los padres de Ayotzinapa.

Nadie está preparado para escuchar su corazón romperse por primera vez.
El periodismo de altísimo riesgo.
Nada nos preparó para nombre cientos de nombres, ‘el horror de ser muer aquí’.

El 19S un silencio que estremeció.
Los recuerdos salieron a flote.
Crecimos con cientos de prejuicios que fuimos derribando como muros.
Los muertos, la sangre.
Los ausentes siempre han sido nuestros.
Lo aprendido.
Lo que perdimos.
La memoria siempre será nuestra.
Nadie nos hace olvidar otra vez, no por ahora.
Poquísimas veces hemos tenido la oportunidad de aceptar las consecuencias de lo elegido.
Cientos de miles pueden cambiar la orientación.
Porqué ya conocemos ese otro camino.
Lo recorrimos ya tantas y tantas veces.
Como tantas y tantas veces nos perdimos.

Conocemos sus miedos.
Nuestra unión los aterra.
El temor es de ellos.
Los oligarcas, los carroñeros.
Las aves de rapiña que han arrasado con casi todo.
Buscan separarnos en posturas.
Por sectores, nos alejan pintándonos de distintos colores.

Nadie está preparado para brincar al vacío.
Nadie está preparado para dejar a sus muertos, pero han tenido que hacerlo.
Nadie está preparado para el desastre donde nos tienen metidos.
Lo incendiaron todo.

Y por eso nadie está preparado para cambiar como nosotros

El Tio Loco que anuncia el fin del mundo