Artistas en resistencia

Foto: Manuel Amador/Somoselmedio.org
Columna de Humberto Robles

No aceptes lo habitual como cosa natural.

Porque en tiempos de desorden,

de confusión organizada,

de humanidad deshumanizada,

nada debe parecer natural.

Nada debe parecer imposible de cambiar.”

Bertolt Brecht

 

México se desangra a niveles escalofriantes, tanto que ya es el segundo país más peligroso del mundo.

Para no ir más lejos, hace poco despertamos con la noticia de que Javier Salomón Aceves Gastélum, Jesús Daniel Díaz García y Marco Francisco García Ávalos, tres jóvenes estudiantes de cine, fueron secuestrados, torturados y disueltos en ácido.

Esto se suma a los miles de asesinatos, desapariciones, ejecuciones, feminicidios y demás horrores de esta barbarie que parece no tener fin. En medio de esta tragedia, los que quedamos tratamos de sobrevivir, de vivir nuestra existencia, ganarnos el sustento y seguir creando.

Esto viene a colación porque en días recientes el dramaturgo Vidal Medina publicó el artículo Artista en resistencia donde denuncia la falta de pagos por parte de varias instituciones donde laboró y donde labora. Él se debate entre continuar o abandonar todo para buscarse un trabajo “de los llamados reales, esos donde pagan a tiempo y uno se busca una vida estable y mayormente aburrida, tediosa y conformista” y se pregunta “¿Vale la pena seguir escribiendo en condiciones tan precarias? ¿Vale la pena dar clases? ¿Para quién escribo?”. Como él, muchos creadores no logran vivir solamente de su oficio, así que deben impartir cursos, talleres, dar clases, inventarse y reinventarse constantemente para existir y no morir en el intento. Otros simplemente claudican y se dedican a otra actividad.

Así como Medina, otros artistas han denunciado dilación o falta de pagos por parte de las instituciones, de oportunidades laborales o la negativa de ser seleccionados para recibir becas del Fonca o del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Al no verse favorecidos, dos reconocidos dramaturgos a los que les negaron dichas subvenciones expresaron su desconcierto en las redes. Desde mi punto de vista, en muchos casos no se les apoya, no por ausencia de talento o creatividad, sino a que no pertenecen a la gavilla de rufianes que tiene acaparados los recursos públicos para repartírselos entre ellos y sus compinches. Es así como vemos que muchos de los sempiternos becarios ejercen el compadrazgo, el pago de favores de unos a otros, propician la endogamia del mundillo de la cultura oficial y se vuelven cómplices de las instituciones que dejan al margen a cientos de artistas incluso con mayores méritos que ellos. Algo que algunos -y a veces- critican en los políticos, pero no en sí mismos ni sus colegas.

Por desgracia, estos no son los únicos casos, la escritora chihuahuense Liliana Pedroza, cuestionó el uso de recursos en la Secretaría de Cultura y, una vez más, la falta de pagos a los artistas. En la carta dirigida a la encargada de dicha institución, expresa “A los artistas no nos es posible vivir de nuestro trabajo artístico […] Ya van cuatro meses, Concepción Landa, que a los artistas de Chihuahua no les depositan su dinero”. Existe una petición en Change.org para exigir la renuncia de la funcionaria demandando un trato digno hacia los artistas ya que ella misma expresó que los creadores del arte “son trabajadores informales”.

Mientras esto sucede y aunque las instituciones arguyen que no hay dinero suficiente para los artistas nacionales, se dio a conocer que el gobierno de Michoacán gastó más de quinientos mil dólares en traer al reguetonero Maluma y, por otra parte, este año se estrena el espectáculo Luzia que la Secretaría de Turismo le encargó al Circo del Sol y cuyo costó fue de 47.7 millones de dólares.

Por último, el Movimiento Teatro por la Dignidad, que no bien acababa de nacer y ya tenía expedida su acta de defunción, hoy pertenece al olvido. Cualquiera pensaría que este movimiento surgió para enfrentar al sistema mexicano que está en abierta guerra contra su población; que los integrantes del movimiento exigirían un alto a la violencia, a la precarización, a la entrega de los recursos del país, a devolverle la paz a un pueblo empobrecido y masacrado… pero no… Era un movimiento contra Donald Trump y su agresiva política contra su vecino del sur. Manifiestos fueron, manifiestos vinieron y todo pasó sin pena ni gloria.

Y en el tema que nos ocupa, si este movimiento hubiera pensado en la Dignidad, habría empezado por exigir un trato decoroso hacia los artistas mexicanos, el reparto equitativo de recursos, la inclusión de otros creadores, transparencia y democracia en las instituciones de la cultura oficial. Pero no… sus integrantes decidieron luchar contra el residente de la Casa Blanca que no ha lanzado ni un Tuit para referirse a ellos; tal parece que el mensaje no le llegó.

Desgraciadamente los males que menciono no son exclusivos de México; en la Argentina de Macri o en el Brasil de Temer ocurre lo mismo, recortes al presupuesto destinado a la cultura y falta de apoyos gubernamentales a los artistas de todos los ámbitos. No cabe duda de que el neoliberalismo es el enemigo público uno de las artes y la cultura, amén del avance y desarrollo de los pueblos.