Cuba, la tierra de las… ¿oportunidades?

Foto. Imelda Carranza/Somos el medio
¿Quién se atreve a sacarse los ojos para no ver la realidad?
LATINOAMÉRICA. Circulando información tejiendo redes.

Habana, Cuba., 16 de diciembre.- La siguiente narración me permitirá presentar algunos claroscuros de la cotidianidad cubana, la intención es transmitirle al lector las posturas, realidades, los grises que nos rodean y que podrían informar a la audiencia sobre lo que vivimos las y los Cubanos más allá de la satanización al socialismo, la recién apertura diplomática con Estados Unidos y por ende la vaticinada caída del sistema socialista.

Radico en Camaguey y mi último viaje a la capital Cubana me permite confirmar que, pese a todo, Cuba es la tierra de las oportunidades, lo reafirmó. Permítame explicarle.

No todos los días se tiene la oportunidad de abordar un almendrón -auto clásico americano de antes de los 60¨ que en Cuba funciona como taxis colectivo- te cobra más de un día y cuarto de salario por trasladarte unos kilómetros. En este auto se desarrolla la siguiente escena, la protagonizan los ususarios y el chofer que evidencia su repudio a la obra revolucionaria mientras expresaba su voluntad de cambiar el sistema socialista, argumentando sobre los precios y los defectos de la economía cubana. Yo escuchaba impacientemente y miraba el camino que cada vez se hacía más largo y pensaba en los casi tres días de salario que debía pagar por mí y mi pareja.

      -“Por eso el chama mío tiene que estudiar medicina y pirarse de aquí en una misión para que tenga sus cosas y no pase trabajo en este país, donde solo viven los hijos de quienes ustedes saben, de todos estos corruptos que nos están matando de hambre, y que nos venden una libra de pan en 10 pesos, casi un salario, y la de azúcar en siete, eso en Estados Unidos no se ve, allá uno si cobra por lo que trabaja y se puede comprar lo que uno quiera”.

Hasta ese momento escuche sin comentar, pero no pude aguantar mi indecible voluntad de ser cubano, en su mismo idioma le repiqué

    - Mi hermano, si yo fuera papa Noel te diera el  dinero para que te piraras de aquí y le dijeras a tu hijo que estudiara medicina allá afuera, a ver si ibas a poder pagarla. 

Allí comenzó el debate económico, político y cultural, mientras que la lluvia entraba por los agujeros del vejestorio que nos llevaba dentro.

        - “Asere (mi amigo) yo soy un bruto, yo cogí el sexto grado a piñazo limpio y he pincha´o toda mi vida como un animal y tengo una casa en San José que es un gaveto (vivienda), vamos a ver si tú que eres profesor te puedes comprar una así con tu salario”

Ese fue el primer golpe bajo, uno de los más duros, no tan duro como el comentario de otro de los pasajeros:

     -“Hermano, hazme el favor, desvíate en la próxima cuadra y dobla a la izquierda, déjame frente a la mía que te voy a pagar el doble. Yo soy carpintero, y esa casa la armé trabajando, normal, yo me levanto por la mañana y barnizo dos balances y ya me gané 30 cuc o hago un jueguito de comedor y me busco un melón”.

¿En qué parte del mundo un carpintero, puede darse el lujo de comprarse una casa así, ganar más que un profesional, pagar el doble a un taxista por desviarse una cuadra? ¡¿Es o no la tierra de las oportunidades?!

 Tenemos la oportunidad de ver como los profesionales abandonan sus trabajos por abrir un timbiriche (tienda) y ponerse a las órdenes de un nuevo burgués que le paga cuatro veces lo que cobraba siendo master o licenciado. Podemos ver como nos tomamos el transporte mientras aquel carpintero puede pagar el taxi el doble cuando lo requiere. O la oportunidad de viajar a Ecuador o a Rusia, traer unos celulares, unas prendas y venderla al consumista cubano en el triple de lo que le costó, que es la mitad del precio que maneja el Estado. Uno tiene la oportunidad de ver esas cosas y no creerlo.

¿Quién se atreve a sacarse los ojos para no ver la realidad? Educación gratuita, sistema de salud gratuito, transporte subvencionado por el Estado, sistema de alimentación normado a precios ínfimos que en ocasiones resultan costeados por el gobierno, democracia gratis, burocracia gratis, corrupción gratis, a las cosas hay que llamarlas por su nombre, deficiencias en el sistema económico, irregularidades significativas.  Nada que no haya en otro país.

Esta es la tierra prometida, acá todo el mundo puede estudiar lo que desee, yo pude haber sido médico. Me hubiesen destinado a cumplir misión internacionalista, primero en Venezuela, el campo de entrenamiento, luego en cualquier otro país. En esa tarea me hubiese introducido en lugares donde hubiese desafiado las enfermedades, la muerte, a gobiernos pasados que olvidaron a sus pueblos, eso si hubiese sido médico.

Podría haber sido deportista y llegar al equipo nacional. Entonces viajaría por el mundo defendiendo las cinco barras y la estrella, me enfrentaría a jueces parcializados, a selecciones mejor equipadas, pero hubiese vencido. Cumpliría misiones internacionalistas, enseñaría mi deporte. Con el tiempo regresaría a mi país, con el deber cumplido, y disfrutaría sentado, unos panamericanos o latinoamericanos donde un venezolano propinaría sendos golpes a mi campeón cubano y en su esquina, orgulloso, su entrenador cubano igual le gritaría: ¡vamos coño!!!Golpea duro!!!

Podría haber sido profesor. Sabiendo como soy me hubiera portado muy mal en la secundaria,  de tal forma que la secretaria docente me hubiese mandado a estudiar en el pre pedagógico porque mi promedio no alcanzaba para estudiar en laVocacional o los Camilitos (Estudiantes de la Escuela Militar de alto rendimiento Camilo Cienfuegos). Ya en el instituto pedagógico hubiese conocido personas importantes que después de licenciado me arrastrarían a su lado y alcanzaría una misión, el santo grial del cubano, y allá, en otras tierras, enseñaría a leer con el método Yo sí puedo, enseñaría en idiomas que jamás creí escuchar.

También podría ser un mal cubano, desagradecido con quién me educó y enseñó. Me arriesgaría buscando otra suerte. Así el salario entero sería mío. Me lanzaría con hambre, más hambriento que el propio capital y lo devoraría, o mejor dicho me devoraría.  No regresaría a mi Cuba porque los traidores no regresan a su patria, hablaría mal de ella, de su educación que me educó, de su salud que me curó, de su sistema que me convirtió en lo que soy. Eso… si yo fuera un mal cubano.

Si no hubiese tenido esas oportunidades, tendría otras, fuera almacenero, cantinero, director de una empresa, trabajador de un hotel, vendedor en una tienda recaudadora de divisas. No tendría grado científico pero el salario me alcanzara el mes entero. Tendría hijos que irían a la escuela con mejores zapatos que los del yo médico, o el yo deportista, el yo profesional . En estás condiciones tendría que esperar a que las cosas mejoraran, que subieran los salarios, y que esta vez no subieran los precios.

Si soy cubano tengo la oportunidad de llegar a los Estados Unidos y convertirme en un hombre nuevo, amparado por la ley, a diferencia del resto de latinos o de emigrantes en general tengo la oportunidad de dejar mi trabajo y mi familia para aventurarme a cruzar fronteras o quedar en ellas por el suspiro de otras oportunidades. Idiotez humana que nos devora.

Al ser cubano tengo la oportunidad de ver como el mundo nos mira y observa los cambios a un año del inicio de las relaciones bilaterales con los Estados Unidos. Tengo por ejemplo, la oportunidad de estar en Cuba y no  querer ver muchas cosas, ver los precios subir, los malos cubanos emigrar junto con algún buen cubano que vio una oportunidad y se lanzó al barco de los que llamo malos cubanos y es ahí cuando me pregunto ¿cuándo deja de ser bueno un cubano?

Hoy tengo la oportunidad de decirles a todos ustedes que al cierre de este año,  en su mayoría, hay un balance positivo en Cuba, espero que el próximo sea mejor. Y sobre todo que los cambios que todos quieren ver no destruyan la obra revolucionaria que hemos creado, obra en peligro, apuntalada, pero nuestra. No de aquellos cubanos que no han querido quedarse, porque se obstinaron en buscar las otras “oportunidades”.