A la huelga del 8 de marzo

Foto: Arturo Lara/Somoselmedio.org
Política Zombie

Ilustraba el sol madeja hermosa,

que con luz juiciosa

de orden distributivo, repartiendo

a las cosas visibles sus colores

iba restituyendo

entera a los sentidos exteriores

su operación, quedando a la luz más cierta

el mundo iluminado, y yo despierta.

Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

 

Este 8 de marzo hay huelga general, huelga general feminista, huelga general proletaria y popular, democrática y antifascista.  

Huelga de mujeres en todo el mundo para poner en claro que no van más con las cosas así como están.   

Resulta que la forma en que está organizada la sociedad destruye al planeta y a los propios seres humanos, que la forma en que producimos, hacemos circular los productos convertidos en mercancías, y sobre todo la forma en que consumimos, aniquila la vida y esclaviza a las personas, devasta las relaciones humanas y consume nuestra salud. Por si fuera poco, la forma en que nos concebimos a nosotros mismos como seres humanos binarios, divididos en dos géneros, es también devastadora, pues inevitablemente esta dicotomía arbitraria impone una relación de desigualdad y dominación. 

Como hace 101 años el 8 de marzo será de lucha, en aquellos días las mujeres iniciaron con su movilización y protesta la revolución rusa que culminó en la revolución socialista de octubre, ahora ese llamado de atención es para exigir un giro copernicano más, igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida.  Ser tratadas como seres humanos en todos los espacios de la vida pública y privada, acceder a una vida libre de violencia. 

Formalmente se han logrado avances, los feminismos y las feministas han logrado poner el dedo en el reglón para otorgar carta de ciudadanía a la lucha por los derechos y las libertades de las mujeres en casi cualquier discurso político sobrio y serio. Pero la realidad social choca violentamente con esto. Los feminicidios y la impunidad, la trata, la esclavización laboral y sexual, los matrimonios obligados, los insultos por la calle, los golpes en casa, el desconocimiento del trabajo domestico y la falta de incorporación de hombres al mismo, son el pan nuestro de cada día. 

Nuestra subjetividad sigue plagada de dogmas machunos y naturalizaciones dogmáticas de supuestas feminidades y masculinidades toxicas y violentas. Seguimos siendo animales cuando hemos construido ya una cultura global que nos aleja por mucho de ellos y nos exige cada día más comportarnos como humanos. No vale salir con discursos seudo biologicistas y darwinianos para explicar-justificar el machismo, la hora es de lucha y consciencia. 

Por eso es necesaria la movilización callejera, por eso es necesaria la reactivación de formas de lucha de la clase trabajadora y de las feministas como la Huelga General, para llamar la atención de todas las sociedades que se precian de ser o aspiran a ser democráticas, en que sin reconocimiento, respeto y dignidad de todos y todas no hay democracia posible. 

La Huelga General de Mujeres exigirá la libertad, la igualdad, la fraternidad en un acto global de sororidad; exigirá frenar los feminicidios, la explotación, la discriminación, la persecución, la marginación; salario igual para trabajo igual, frenar y castigar efectivamente el acoso y el abuso sexual; espacios de participación y representación política efectiva, garantías para un desarrollo pleno de las niñas, educación, salud, alimentación y vivienda.  Todo un arco de objetivos y demandas en las que nos podemos encontrar todos y todas, demandas que deben ser ganadas por los pueblos en general y las mujeres en particular, para hacernos de vidas más dignas de ser vividas y dejar a las siguientes generaciones un lugar mejor del que lo encontramos. 

 La lucha feminista del siglo XXI es una lucha libertaria, compleja e integral, es lucha anti colonial y de liberación nacional, es lucha anticapitalista y de búsqueda de alternativas económico-políticas para la construcción de una sociedad igualitaria, es anti machista y antipatriarcal, la lucha feminista de nuestros días es democrática y democratizadora.

Así las cosas, no queda más que abrazarla y quedarse uno en casa a enlistar los privilegios machistas a los que hay que renunciar voluntaria y conscientemente, tallar fuerte los azulejos del baño, lavar los trastos, pasar la escoba, el trapeador y hacer la comida mientras cuidamos al crío, para que las compañeras preparen la huelga y esta sea un éxito.