El Congreso, el Procurador y el Fiscal General

Ya no entiendo lo que está pasando
Tozoonpolitikon

Carlos Monsiváis, el escritor y cronista de la Ciudad de México, decía que “o ya no entiendo lo que está pasando o ya pasó lo que estaba entendiendo”. Esta especie de trabalenguas bien podría aplicarse a la situación que recientemente se vivió en el Congreso de la Unión días previos a iniciar el periodo ordinario.

Como se sabe cada inicio del año legislativo ambas Cámaras deben elegir a quien conducirá los trabajos en las sesiones y a su vez a quien va a representar al Congreso de la Unión en actos oficiales. Es el primer tema que los legisladores deben negociar al inicio de cada año legislativo. Para este año el PRI en el Senado buscaba presidir los dos órganos más importantes dentro de esa Cámara: la Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política (Jucopo). Asimismo, en la Cámara de Diputados, el PRI también le tocó presidir la Mesa Directiva por acuerdo con las demás fuerzas políticas. De manera paralela, el inicio del periodo ordinario estaba envuelto en el debate de la iniciativa del pase automático del actual Procurador General de la República, Raúl Cervantes, a la nueva Fiscalía General de la Nación, tema que el Congreso dejó pendiente desde el periodo ordinario que concluyó en abril.

Ambas Cámaras estaban convocadas para instalar su Mesa Directiva el 31 de agosto, tal como lo marca le ley. Sin embargo, el tema del Fiscal provocó que en el grupo parlamentario del PAN en el Senado se presentara una división con cinco legisladores, ya que uno de éstos fue designado como Presidente de la Mesa, en contra de lo señalado por el Presidente Nacional de ese partido, Ricardo Anaya. Por su parte los grupos parlamentarios del PRD, PAN y MC en la Cámara de Diputados obstruyeron la instalación de la Mesa Directiva hasta que se eliminara el pase automático del Procurador a la  Fiscalía.

Esto provocó una crisis en la Cámara de Diputados, por lo que no se logró instalar la Mesa Directiva el 1 de septiembre. Fueron horas y horas de negociación sin llegar a algún acuerdo. Fue por ello que la sesión del 31 de agosto no fue cerrada sino hasta el martes 5 de septiembre, cuando se acordó instalar la Mesa Directiva con la condición de que el primer tema a discutir fuera lo del Fiscal.

Por su parte en el Senado, si bien se instaló la Mesa Directiva, las críticas de Senadores del PAN al nuevo Presidente de dicha instancia, Ernesto Cordero (PAN), no se dejaron esperar: de traidor no lo bajaron. Es claro que si bien el PRI no se quedó con la Mesa Directiva, sí puso a un Senador a modo para presidir dicha instancia. Este tema cobra relevancia pues el PRI necesita de cinco votos para obtener la mayoría en caso de aprobar el tema del Fiscal General.

Esta confusión en la que cayeron las Cámaras, que por momentos pareció un galimatías, refleja en buena medida lo que es nuestro país: legisladores de un mismo partido que se descalifican, de oposición que se felicitan; o que la instalación de una cámara dependa de lo que haga la otra, renuncias de legisladores para pasarse a otro partido, etc.

Inicia mal el periodo ordinario en el Congreso. Los temas pendientes que se supone son de primera importancia para el país, como la Fiscalía General de la República y el Sistema Nacional Anticorrupción, están envueltos de disputas partidistas. Desde ahora se augura que difícilmente llegarán a buen puerto.

Si a lo anterior le súmanos que todo está envuelto en el proceso electoral que se avecina para el próximo año, donde muchos buscarán algún otro puesto, el debate en el Congreso se prevé muy pobre.

Lo importante del caso no es que sea Cervantes quien pase de manera automática de Procurador a Fiscal General, sino que sea un funcionario alejado de las pugnas políticas, así como del Ejecutivo Federal. Es de todos conocido que así como está actualmente el Procurador es un empleado más del Presidente de la República. Si bien es cierto lo ratifica el Senado, el Procurador es propuesto por el Presidente y por lo mismo lo puede remover cuando quiera. Lo que se busca con la autonomía del Fiscal General es que la procuración de justicia no esté envuelta de politiquería o intereses de grupo.

Lo que debería estar en la mesa en esta crisis del Congreso no es la figura de Cervantes, sino establecer las reglas del juego de la nueva Fiscalía. Si eso no pasa, la persona que se designe, sea Cervantes o cualquier otro, va a reproducir los mismos vicios que hoy en día tenemos. No basta con cumplir los requisitos legales para ser nuevo Fiscal –los cuales Cervantes cumple y con creces- sino que tenga la legitimidad de organizaciones sociales y sociedad para el cargo. Pero pareciera que a los legisladores eso no les interesa.