Los mismos pero reciclados

Elecciones 2018
Tozoonpolitikon

En 1991 Gabriel Retes dirigió la película El Bulto en la que un fotógrafo cubre la fuente de la matanza del Jueves de Corpus del 10 de junio de 1971. En esa manifestación el periodista es fuertemente golpeado por los paramilitares, lo cual le provoca quedar en estado de coma. La cinta refiere que Lauro (personaje interpretado por el mismo Gabriel Retes) despierta de su estado de coma veinte años después, cuando su mujer se ha casado con otro hombre; sus hijos, que al momento de sufrir la golpiza son unos niños, ahora son unos jóvenes, con ideas completamente distintas. Lauro despierta a una sociedad distinta a la| que tiene en su cabeza en formas de actuar y convivir, incluso en términos tecnológicos, de tal manera que no se puede adaptar a la nueva realidad puesto que su mente se quedó en aquel 10 de junio de 1971.

La película también retrata como los antiguos compañeros de batalla de Lauro ahora trabajan en el gobierno y están con algunos años encima o muertos. Lauro pretende imponer su realidad, distinta a la de sus hijos, como es traer el pelo largo o actuar de cierta manera, ante lo cual sus hijos se le rebelan.

La película de Retes bien podría aplicarse en nuestros días al proceso electoral que vivimos en México. No es extraño que en vísperas electorales los actores políticos se reacomoden buscando posicionarse en un nuevo cargo que les permita su sobrevivencia otros tres o seis años. En los tiempos clásicos del régimen priísta esa era la forma de actuar de los políticos. Hoy en día no ha cambiado mucho pues siguen moviéndose como pez en el agua. Son los mismos pero reciclados.

Sin embargo, a diferencia de décadas pasadas, el empresariado político que hoy está en escena ha variado tanto que, si alguien se hubiera ausentado veinte años del país, como Lauro, el personaje referido, no entendería nada de lo que pasa en México. Dos botones de muestra.

El Partido de la Revolución Democrática (PRD) surgió en 1989 en buena medida como respuesta al fraude cometido un año antes, en las elecciones de 1988, donde se cayó el sistema y el órgano electoral dio como ganador a Carlos Salinas, que gobernó de 1988 a 1994. Durante su sexenio el Presidente se apoyó en el Partido Acción Nacional (PAN) para llevar a cabo su plan de gobierno. A cambio de ello, le dio algunas gubernaturas (las de Guanajuato y Baja California) inaugurando lo que se le llamó las Concertacesiones. Se menciona que ese pacto incluía por parte del gobierno ceder esos estados a cambio de recibir el apoyo para el proyecto neoliberal del Presidente Salinas, así como para tener los votos suficientes en la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. De esa época viene la fusión entre el PRI y el PAN, el PRIAN.

Por su parte el PRD quedó relegado de cualquier posibilidad de participar en las negociaciones con sus antagonistas. Aunado a ello, en el sexenio salinista fueron asesinados infinidad de militantes perredistas. Es de recordar que los medios de comunicación, particularmente la radio y la televisión, estuvieron vetados para los líderes del partido. Este rechazo al PRD se sintetiza claramente en la expresión del Presidente Salinas en el último informe que dio ante el Congreso: “a los perredistas ni los veo ni los oigo”, ello en referencia a los gritos que hubo por parte de la bancada del PRD durante aquel informe.

Frente a ello, resulta inconcebible que hoy en día el PRD y el PAN se hayan coaligado para presentar una candidatura en común a la presidencia, el Frente por México, que tiene como abanderado al panista Ricardo Anaya. Se supone que ambos partidos son antagonistas, que representan a intereses y sectores diferentes. Durante años ambos partidos caminaron por rumbos distintos y que ahora se vea a sus líderes en un mismo templete o que en el aniversario del PRD el candidato Anaya asista a la celebración del llamado Sol Azteca resulta por lo menos contradictorio. Pareciera que los líderes de ambos partidos no conocen de su historia, los motivos que dieron origen al partido. Lo peor del caso es que varios fundadores del PRD aceptaron la alianza con el PAN y hoy defienden esa fusión.

Pero no solo en PRD y el PAN se cuecen habas, sino también en otros partidos. El recién formado Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), partido creado para postular a Andrés Manuel López Obrador en su tercer intento de llegar a la presidencia, mantiene una alianza con el Partido del Trabajo (PT), cuyo coordinador en el Senado es Manuel Bartlett, quien en 1988 cuando la elección ya referida del fraude, era Secretario de Gobernación y, a su vez Titular de la Comisión Federal Electoral, organismo encargado de organizar las elecciones de aquél año. Es decir, fue quien orquestó la caída del sistema.

Hoy Bartlett es un férreo opositor del PRI en el Senado, cuando prácticamente toda su vida de servidor público la hizo a la sombra de ese partido. Cada vez que sube a tribuna no hace sino descalificar al régimen del PRI.

Estos son apenas dos ejemplos de cómo el empresariado político se ha movido recientemente de manera dramática, pero hay más: la familia Clouthier, emblemática del PAN, hoy está dividida entre Morena y el PRI; Alfonso Durazo, quien trabajó para los gobiernos del PAN, hoy apoya a López Obrador; Germán Martínez, ex Presidente Nacional del PAN, forma parte de la campaña del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia; el Senador del PAN Javier Lozano hoy funge como vocero del candidato del PRI; el Presidente del Senado, Ernesto Cordero, también del PAN, ha dicho reiteradas veces que no votará por su partido sino que una vez que la independiente Margarita Zavala abandonó la contienda, lo hará por el PRI; y un largo etcétera. No cabe duda si Lauro se despertara en estos tiempos preferiría volver a dormir.