Políticos contra ciudadanos

Aunque el proceso electoral de 2018 inicia formalmente el 29 de marzo, partidos y candidatos ya han lanzado sus propuestas
Tozoonpolitikon

Aunque el proceso electoral de 2018 inicia formalmente el 29 de marzo, partidos y candidatos ya han lanzado en los medios de comunicación sus propuestas para gobernar el país. Con una legislación que permite darle la vuelta para hacerse promoción, los candidatos se llenan la boca dando sus propuestas de cambio para los próximos seis o tres años.

Sin embargo, en esos promocionales los candidatos dicen que ellos no son políticos sino simples ciudadanos que buscan cumplir el interés de la población. Argumentan que ellos no buscan el poder si no que representan las demandas de la sociedad para que todo cambie. Para ello, nos piden que votemos teniendo presente que no van actuar como políticos sino como ciudadanos. Así pues, los mismos candidatos descalifican a los partidos porque ellos, partidos y políticos, son los corruptos, los que buscan el interés personal, además de llenarse de dinero a costa de los demás. En ese sentido los malos son los partidos y su brazo ejecutor, los políticos. Ellos, como son ciudadanos, no son políticos, sino representantes de una sociedad que busca el bien común sin la necesidad de recibir nada a cambio.

Más allá de que la legislación lo permite, es en esa lógica que se dio la aparición de los candidatos independientes. Así pues, a pesar de que estos independientes iniciaron su carrera política militando en los partidos, se han manifestado en contra de éstos, porque son los que han corrompido el sistema electoral y sus ambiciosos políticos que han llevado a la ruina al pueblo. Y por lo tanto, ahora que se han despojado del lastre que conlleva ser representante de un partido, llaman a votar por ellos como ciudadanos porque ellos sí escuchan y ven a la gente, pues son una extensión de ella.

No se puede negar que hay un marcado desprestigio hacia los partidos políticos. Según diversos estudios, los partidos y los políticos son los rubros peor evaluados entre la sociedad. Así pues, partiendo de la experiencia de los últimos años (recuérdese a los gobernadores del PRI que están prófugos de la justica o que ya han sido aprendidos; o José Luis Abarca, Presidente Municipal del PRD de Iguala Guerrero), presentarse como postulante de un partido de entrada descalifica al candidato. Este hecho refleja la marcada distancia que hay entre sociedad y política. Al no haber formas de evaluar a los políticos, como el referéndum o el plebiscito, éstos se presentan cada tres o seis años con el único fin de obtener el voto de los ciudadanos.

A la par de ello, organizaciones de la sociedad civil se han manifestado para que la cerrada legislación electoral se abra a un sistema en el que realmente se escuche a la sociedad. Es por ello que precisamente algunos partidos han postulado a candidatos que no son propiamente militantes de su organización. El caso más evidente es el candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, que sin ser militante de ese partido lo postula como su representante.

Esta aparente presentación de candidatos ciudadanos o independientes alejados de los partidos es una falsa cortina ya que aun cuando un independiente llegue a ganar algún puesto de elección inevitablemente se va a convertir (porque ya lo es) en un político. No por el hecho de ser independiente o presentarse con la figura de ciudadano deja de tener intereses, así sean de carácter altruista, o de estar rodeado de cierto grupo. Todos los actores políticos, sean del partido que sea o aparentes ciudadanos, representan a cierta clase la cual finalmente se convierte en política y de la cual forman una élite. Al ser élite, la mayoría queda fuera. Así pasa en cualquier parte del mundo. Es una ley dentro de las ciencias sociales.

Desde luego que los partidos políticos no son la única vía para hacer política, pero si se quiere acceder al poder la opción es crear un grupo de intereses en común que apoyen la propuesta, sea a través de un partido o de forma “ciudadana”. Que el desprestigio de éstos se manifieste en un alto abstencionismo y que por ello surjan los candidatos independientes o ciudadanos eso no los convierte en actores ajenos la acción política. No porque se presenten con los adjetivos “ciudadano” o “independiente” significa que lo sean. Ello se refiere, más bien, a que no son postulados por un partido o coalición, pero finalmente siguen siendo parte de todo un sistema político-electoral, pues tienen que cumplir las reglas –en este caso las firmas- para obtener el registro como candidato.