A 10 años de su guerra resistimos con la memoria

El 11 de diciembre de 2006, apenas 10 días después de haber asumido la presidencia de México, Felipe Calderón Hinojosa anunció la puesta en marcha del “Operativo Conjunto Michoacán” para combatir al “narcotráfico” en ese estado del país. El operativo implicó la coordinación de al menos 11 organismos federales, entre los que destacaron el Ejercito Mexicano y la Secretaria de Marina.

El operativo en el estado de Michoacán fue un paso más en el proceso de militarización de la seguridad pública y el inicio de lo que Calderón llamó guerra. En poco tiempo, fuerzas militares, marinos y policías federales fueron desplegados por todo el territorio nacional bajo el mismo pretexto: combatir al narcotráfico.

La guerra iniciada por Calderón y adoptada e intensificada por Enrique Peña Nieto, ha sumergido a México en la barbarie: más de 125 mil personas asesinadas, más de 30 mil desaparecidas, aproximadamente 200 mil personas desplazadas de sus hogares, según las cifras más conservadoras de las organizaciones sociales, retratan tan sólo una parte del dolor.

La guerra que nos dijeron era contra el narcotráfico, se ha convertido -quizá siempre lo fue- en una guerra contra la sociedad mexicana. En ella crimen organizado, empresas extractivas y autoridades de todos los niveles y de todos los partidos actúan como uno mismo. Ya sea por acción, omisión o consentimiento, el Estado mexicano se ha convertido en un aparato de guerra contra la sociedad: no sólo no ha sido eficiente en combatir al crimen organizado, sino que ha dado todas las facilidades para que éste siga creciendo.

A 10 años de su guerra resistimos con la memoria. Foto Eduardo Blas

Los criminales no solo venden droga, o trafican con armas; también lavan dinero o son dueños de mineras o madereras. Los criminales no sólo son “los chapos”, “los zetas”, “la familia”, también lo son “Los Duarte”, los que contratan sicarios para amedrentar a los pueblos y luego despojarlos de su territorio; son los que utilizan los recursos del Estado para protegerse y enriquecerse, son los responsables de Tlatlaya y de Ayotzinapa.

Los criminales no sólo están en la calle, también están en los bancos y en muchas empresas, y sobre todo, en el gobierno.

En estos diez años, la sociedad mexicana ha vivido lo inenarrable: cientos de fosas clandestinas, cuerpos desmembrados, feminicidios, juvenicidios, familias quebradas y otros muchos dolores. En esta guerra, más de cien periodistas han sido asesinados y desaparecidos como castigo por decir la verdad y denunciar a los responsables de la barbarie. Por eso México es hoy uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Miles de migrantes han vivido el mismo destino sólo por el hecho de cruzar México en búsqueda de un futuro mejor. Cientos de líderes sociales y ciudadanos también han sido silenciados en represalia por tener la osadía de defenderse.

Y mientras gobierno, empresarios y crimen organizado se enriquecen con el dolor de una nación, la sociedad mexicana se organiza y se resiste a seguir siendo desaparecida o asesinada.
Sí, en estos diez años de guerra la sociedad también ha aprendido a resistir, a fortalecer los lazos de solidaridad, a sobrevivir. Ahí están las muchas de organizaciones que buscan a sus familiares desaparecidos, que organizan brigadas de búsqueda para hacer lo que el gobierno no quiere hacer.

A 10 años de su guerra resistimos con la memoria. Foto Eduardo Blas

También están los pueblos que han tenido que asumir la seguridad y la justicia en sus propias manos para defenderse del crimen organizado y del gobierno. Y ahí están también las organizaciones sociales de tiempo atrás, las que nos transmiten su experiencia y nos cuentan como esta guerra tiene también otros tiempos y otras formas, como nuestros compañeros del Comité 68 que hoy están aquí y que mucho saben de los crímenes de Estado.

Así, para recordar 10 años de una guerra que no pedimos, que no queremos y que queremos termine ya, este 11 de diciembre, cientos de personas salieron a la calle para seguir resistiendo, para escribir los nombres de nuestros y nuestras  desaparecidas y asesinados, a nombrar nuestros dolores, juntar nuestras rabias y alimentar la memoria rebelde.

A 10 años de su guerra resistimos con la memoria. Foto Eduardo Blas A 10 años de su guerra resistimos con la memoria. Foto Eduardo Blas A 10 años de su guerra resistimos con la memoria. Foto Eduardo Blas