Damnificados permanentes

Fotorreportaje

La vulnerabilidad de familias afectadas por la fractura y hundimiento en Iztapalapa se agudizó con el sismo ocurrido el pasado 19 de septiembre. Tal es el caso de vecinos de la Unidad Habitacional Santa Cruz Meyehualco, cuyas vidas peligraron al encontrarse dentro de agrietadas viviendas durante el movimiento telúrico, ante la falta de atención por parte de la Delegación a la problemática del suelo en la demarcación; y ahora que sus hogares fueron demolidos se mantienen en la precariedad esperando les sean entregadas las casas “antisísmicas” prometidas por el gobierno, las cuales han sido criticadas por la ligereza de sus materiales y que muy lejos se encuentran de las viviendas que con años de trabajo y esfuerzo habían adquirido los habitantes de esta localidad.

Luego del sismo ocurrido el pasado 19 de septiembre, a las casas agrietadas y al paisaje urbano de la UH Santa Cruz Meyehualco caracterizado por pronunciados hundimientos en sus calles, se sumaron las huellas del nuevo desastre natural: por doquier se observan huecos entre casa y casa, son los espacios de las construcciones que al presentar daños estructurales graves tuvieron que ser derribadas.

No se trata de cinco o diez los hogares que de un momento a otro desaparecieron, los pobladores de este lugar calculan que ascienden a poco más de 50. En algunos predios, sobre los terrenos baldíos que quedaron, ya se observan levantadas las paredes de poliestireno y malla de acero recubiertas en concreto, que darán forma a los inmuebles de 50 metros cuadrados que el Gobierno de la Ciudad de México presentó como antisísmicos y que entregará de manera gratuita a los damnificados por el temblor. Actualmente, este es el rostro de una localidad que tiene sus orígenes en los años 60, cuando se trazó para albergar a pepenadores y que con el tiempo fue ocupada por migrantes de distintas zonas de la ciudad.

Foto: MArco Cerón/Somoselmedio.org

En suma, con los sismos del 7 y 19 de septiembre pasados 778 viviendas de la UH Santa Cruz Meyehualco resultaron afectadas, 73 con daño grave y 705 con daño menor, según datos proporcionados por la Oficina de Información Pública de la Delegación Iztapalapa.

En general, en Iztapalapa 60 por ciento de los daños causados por el temblor del 19 de septiembre se ubican en zonas de grietas, informó la Delegación. De ahí que no sorprenda que en la UH Santa Cruz Meyehualco algunos de los predios ahora vacíos o de las casas en obra negra pertenezcan a familias que antes del sismo habitaban endebles viviendas fracturadas. Es la situación de Evelia Hernández, de 91 años, quien antes del desastre solicitó apoyo a la Delegación Iztapalapa por el agrietamiento que presentaba su casa y recibió como respuesta que no había presupuesto, así lo refiere desde el frío cuarto, con poca ventilación y apuntalado con polines, donde actualmente renta con su hija Martha Orive, de 52 años, en tanto terminan de construir su vivienda “antisísmica”.

En el momento del seísmo de magnitud de 7.1 grados en la escala de Richter, Martha y Evelia, ésta última convaleciente por la operación de una hernia y de la vesícula, se encontraban dentro de su deteriorada vivienda. “Pensamos que se nos caía la casa, Dios nos cubrió porque la verdad que estaba muy mal; dijimos: ‘ya se va a quedar todo adentro, siquiera que no nos apachurre a nosotros’”, narra esta mujer de la tercera edad.

Foto: MArco Cerón/Somoselmedio.org

El temblor fue el acontecimiento que llevo al extremo el peligro que de por sí representaba la casa en que vivía esta familia y que ya había cobrado una vida: en el año 2014, Santiago Orive, esposo de Evelia, teniendo 89 años de edad resbaló por el suelo agrietado del patio, se lastimó la cadera y nunca se recuperó.

Luego del sismo, Evelia y su hija se mantuvieron en la vulnerabilidad, ya que ante las condiciones de inhabitabilidad en que quedó su vivienda, las autoridades delegacionales les informaron que debían demolerla. “Empezaron que ya desocupáramos porque se estaba cayendo la casa, no sabíamos qué hacer, no teníamos dinero; tuvimos que salirnos”, cuenta Evelia mientras su rostro apacible sufre un repentino sobresalto de tristeza e impotencia al hablar de su situación como damnificada por las grietas, damnificada por el sismo y damnificada permanente por la pobreza.

La situación económica de esta familia es precaria. Evelia y su hija sólo cuentan con la pensión que dejó Santiago, y Martha en este momento no encuentra el tiempo para emplearse entre los cuidados que le procura a su madre, las gestiones con el gobierno para recibir el apoyo como damnificada por el sismo y la supervisión de los trabajos de la nueva vivienda.

Foto: MArco Cerón/Somoselmedio.org

Hace poco más de 40 años Evelia arribó a su casa en la UH Santa Cruz Meyehualco con sus padres, un hermano y su propia familia nuclear. La vivienda la pagaron ella, haciendo tandas, y su papá. Hoy, esta morada de tabique puro fruto del trabajo de una familia humilde ya no existe, en su lugar se levanta una de las 180 casas “antisísmicas”, que son “más ligeras que las construcciones tradicionales” y están “construidas para cohabitar en zonas de grietas de la demarcación”, según las ha descrito la propia la Delegación. Aunque entre la población se ha cuestionado la resistencia de estas viviendas y se les ha comparado con la “casa de los cochinitos”, Evelia confía en su fortaleza y le conforma saber que ya no seguirán viviendo bajo un techo agrietado: “si quiera vamos a vivir un poco tranquilas, si quiera no nos vamos a mojar, (si quiera) que tengamos algo, aunque no sea con tabique, pero dicen que duran”.

Esta historia la comparte Susana Cárdenas, de 71 años, una mujer visiblemente enferma, quien a diferencia de Evelia, en su predio, en el que no ha quedado más que tierra, hasta el momento no se ha levantado una nueva construcción y la ayuda para cubrir tres meses de renta que les proporcionó el gobierno concluyó.

Cabe señalar que los apoyos del gobierno a los afectados por el sismo se dan en el marco de un desastre natural que tuvo amplia cobertura mediática y que arrastra sus secuelas en un año en que se realizarán elecciones presidenciales en México.

Foto: MArco Cerón/Somoselmedio.org

Actualmente, 8 mil 607 viviendas en la delegación Iztapalapa que se ubican dentro del área de influencia de las fracturas en el subsuelo de la demarcación, de acuerdo con información proporcionada por la Oficina de Información Pública de la Delegación Iztapalapa.

El hundimiento y fractura en Iztapalapa no es un problema reciente, se estima que desde 1960 ha afectado considerablemente la infraestructura urbana, de acuerdo con la geóloga Dora Carreón, en la investigación “Identificación y caracterización de los diferentes tipos de fracturas que afectan el subsuelo de la Delegación Iztapalapa del Distrito Federal”.

No obstante, fue hasta el año 2007, poco tiempo después de que Alejandro Ramírez, de 19 años, falleciera al caer en un socavón en la colonia Lomas de San Lorenzo, que la Delegación creó el ahora conocido como Centro de Evaluación de Riesgo Geológico (CERG), a partir de un convenio de colaboración con el Centro de Geociencias de la UNAM.

Foto: Marco Cerón/Somoselmedio.org

En el 2009, el Centro era “referencia nacional e internacional en los estudios de suelo”. Sin embargo, en la administración de Anguiano Flores “se disminuyeron los recursos para la investigación” y “hubo un cierto abandono al Centro, pues dejó de consultarse por la dependencia”, refiere la periodista Areli Vallalobos, citando a Dora Carreón, fundadora del CERG, en “Las fracturas de Iztapalapa que destapó el sismo”, publicado el 4 de octubre de 2017, en Proceso online.

“Si bien las grietas que causó el sismo del pasado 19 de septiembre son imprevisibles, los daños en las viviendas y en el asfalto hubieran sido menores de haber continuado con los sistemas de monitoreo y las recomendaciones del CERG”, explica Carreón, en el reportaje mencionado.

Foto: MArco Cerón/Somoselmedio.org