Mujeres na savi usan el telar de cintura como un acto de rebeldía

Texto y fotografías de Mario Marlo

Enclavado en la montaña alta de Guerrero se encuentra, Cochoapa el Grande, municipio de Guerrero  considerado por el Coneval como el más pobre de México. Sus habitantes, indígenas na´savi, enfrentan todos los días el rezago social más grande de todo el país.

Hasta principios del 2016, Cochoapa el Grande  no contaba con agua potable, apenas tenía una escuela multigrado y sus más de 18 mil habitantes no cuentan con un hospital por lo que los enfermos tienen que ser trasladados a la ciudad de Tlapa de Comonford, 85 kilómetros de una carretera inservible que han causado que muchas de las personas mueran en el trayecto.

Foto: Mario Marlo/Somoselmedio.org

Cada año en temporada de lluvias la carretera sufre severos daños lo que las hace intransitables. Son los mismos habitantes de Cochoapa y los  otros pueblos quienes con palas y picos se encargan de reparar las carreteras durante días. Mujeres, hombres y niños colaboran en las faenas desde muy temprana hora para evitar quedar incomunicados ante la ausencia de las autoridades municipales y estatales.

Ante esta situación, un grupo de mujeres se ha organizado para poder hacer frente a la pobreza que viven sus familias. Recobrando la tradición de la elaboración del huipil, las mujeres Flor de Algodón, encontraron una alternativa para contribuir a la economía familiar.

Por años el huipil de estas mujeres, ha sido su fuerza e identidad, una prenda que habla y tiene memoria. Piezas que pueden tardarse hasta un año para su elaboración, son realizadas desde el cultivo del algodón hasta la creación de cada uno de sus dibujos, tramados que han sido heredados por generación en generación de tejedoras.

Foto: Mario Marlo/Somoselmedio.org

Cada huipil que las mujeres usan en esta comunidad, fue elaborado por ellas, algunos fueron creados desde hace 20 años por lo que ellas consideran estas prendas con orgullo de su identidad. “El huipil de mi mamá tiene 18 años, ella lo valora mucho ya que es como si fuera su piel ya que la representa todo lo que ella ha vivido como mujer na´savi”.

A pesar de que en un inició muchos de los esposos de las tejedoras se oponían a que estas asistieran a el colectivo, las mujeres no han abandonado el proyecto y siguen organizándose. Eulogia Flores Vázquez, mujer Na´savi, quien ha tenido un papel importante para que este proyecto se consolide, explicó para Somoselmedio.org que en ocasiones el marido de alguna de las mujeres se ha enterado de que sus huipiles son vendidos por lo que le exige que el dinero ganado le sea entregado.

Como en muchos de las comunidades de guerrero, el machismo es uno de los principales problemas a los que se enfrentan las mujeres diariamente por lo que crear este colectivo les ha sido muy difícil. “Para nosotras es muy importante el huipil, cuando nos reunimos para tejer compartimos nuestros problemas, nos reímos, nos acompañamos y al mismo tiempo generamos recursos para comer”, explicó Eulo, como le gusta que le llamen.

Foto: Mario Marlo/Somoselmedio.org

Este colectivo que fue formado en 2014,  ha logrado empoderar a estas mujeres en una de las zonas más pobres y desiguales, han convertido maderas y palos que recogen de la montaña, en herramientas que les han dado valor y fuerza para seguir creando sus huipiles. Un acto de rebeldía  por parte de las mujeres para combatir la pobreza y la discriminación.

“Nos reunimos para trabajar juntas, por eso siempre nos ven juntas, porque entre todas nos ayudamos. A las niñas les enseñamos a usar el telar porque no queremos perder nuestra identidad. Día con día nosotras no solo rescatamos nuestra tradición, también nos rescatamos a nosotras mismas”, finalizó.